Batlle Berres, Luis

1955
Señor Presidente de la Asamblea, Escribano. Ledo Arroyo Torres, señores legisladores: Es cumpliendo con disposiciones constitucionales que los Consejeros electos en los últimos comicios de noviembre nos presentamos ante esta Asamblea para prestar nuestro juramento, y es para mí un altísimo honor el hablar en nombre del Consejo Nacional en mi función de Presidente del Cuerpo por el presente año y lo es igualmente por la oportunidad de poder hacerlo frente a la más alta Asamblea de la República. Puedo asegurarles a los señores legisladores que será función principalísima del Poder Ejecutivo garantir todas las libertades, proteger todos los derechos y hacer cumplir fielmente la Constitución y las leyes dictadas por el Parlamento. Esto ha constituido un estilo en nuestra vida ciudadana que ha dado carácter a nuestro país y lo ha proyectado ante los demás pueblos y por nuestra parte hemos de ser fieles guardianes de estas conquistas fundamentales para afianzar la paz que vivimos, y poder continuar nuestro programa social. Igualmente hemos de cumplir con las tradicionales normas de la República en lo que tiene relación a nuestra vida internacional y si siempre hemos sido cuidadosos por mantener buenas relaciones con todos los pueblos del mundo fortificándolas bajo la rectoría de nuestro sentimiento democrático, ha de ser preocupación nuestra no apartarnos de este camino y buscar contacto con los pueblos en lo cultural, en lo económico y en lo político, con el cuidado de hacer amigos que es un camino para proyectarnos en la opinión del mundo. Será también preocupación del Poder Ejecutivo, vivir en perfecta y permanente comunidad con el Parlamento. Todos los Consejeros electos hemos sido legisladores; todos hemos hecho nuestro aprendizaje sobre los asuntos públicos en la Cámara y en el Senado, y hoy, como representantes del Poder Administrador puedo asegurarle a la Asamblea que conservamos nuestras formas de pensar y de actuar como legisladores. Conocemos las virtudes del Parlamento y hemos vivido sus imperfecciones y sabremos atender y enaltecer estas virtudes así como sabremos comprender sus imperfecciones. Estaremos permanentemente aquí, entre ustedes, luchando por fortalecer esta comprensión y planteando todos los días nuevos problemas, provocando el choque constructivo, la discusión feliz para la República a través de la cual aparezca la ley que atienda y resuelva los problemas que vive el país. Con estas consideraciones generales, señor Presidente, expresión fiel del sentir de los miembros del Consejo de Gobierno, creo haber cumplido mi función de Presidente del Cuerpo y ahora tengo que hablarles a los señores legisladores en representación de la mayoría del Consejo que es la que tiene la responsabilidad de orientar y gobernar. El constituyente, al discutir la forma de gobierno de la República y al hacerlo referente al Poder Ejecutivo, ha hecho que él esté representado pro una mayoría compuesta por seis Consejeros la que tiene la obligación de orientar, dirigir, gobernar y una minoría con la función rectora de controlar , vigilar y en lo posible colaborar. Seríamos muy felices si en toda la acción de gobierno pudiéramos proyectarnos siempre como una sola opinión pero esto es casi imposible y así lo ha sentido el propio constituyente cuando ha admitido la presencia de dos sectores uno mayoritario y otro minoritario y es cumpliendo con esta doble verdad institucional y política que ahora debo decir algunas palabras sobre la gestión que nos tocará realizar a los ciudadanos que representamos la mayoría del Cuerpo. En nuestra última campaña electoral prometimos a la ciudadanía que llegaríamos al Gobierno con la preocupación de trabajar hacer trabajar al país , porque sentimos que todas las dificultades presentes y todas las ambiciones de un porvenir venturoso podrán ser resultas fundamentalmente trabajando, produciendo, disciplinándonos en nuestra labor en una acción de esfuerzo colectivo sin sacrificio penoso para nadie, pero con el deber bien cumplido hacia la República. Esto tiene que ser una verdad que se apodere con fuerza mística del ánimo ciudadano porque la riqueza que necesitamos para atender y resolver nuestros problemas la tenemos que arrancar con nuestros brazos, la hemos de elaborar con nuestro esfuerzo siempre constante. Nuestra riqueza principal nos la proporciona el campo, que es carne, lana, productos agrícolas, pero con la excepción de la lana todos los productos tenemos que subsidiarlos en los mercados mundiales, para atender la diferencia entre el costo de producción y precios internacionales. Sin duda esto no es expresión de riqueza nacional y se hace de absoluta necesidad buscar los caminos que nos han de permitir fomentar la producción en tal forma, que nos lleve a abaratar en algo sus costos. Y ésta no es una tarea difícil. La aplicación de directivas científicas por parte de los particulares con la colaboración del Estado, para cambiar formas de trabajo nos ha de permitir alcanzar nuevas etapas de triunfo. Criar un novillo por hectárea y cada cuatro años; dos ovejas por hectárea con algo más de tres kilos de lana cada una de ellas en tierras de arrendamiento caro, no son expresión de riqueza sino de empobrecimiento permanente y todas son cifras que tendrán que quedar en el pasado y habrá que modificarlas y podemos hacerlo si nos empeñamos en esta lucha sin debilidades, con esfuerzo en el cumplimiento de nuestra deber, como si estuviéramos en guerra con nuestra economía, en una batalla desesperada deseosos de triunfar. Ya existen en el país muchos trabajadores del campo, que están en esta línea de producción, que habrá que extenderla y generalizara a todos y sería camino lento si dejáramos que el progreso fuera sólo obra de la iniciativa privada y el país necesita y reclama otro ritmo que tendrá que dárselo el Gobierno para quemar las etapas. Existen ejemplos de tierras que no son ricas, pero que bien trabajadas sus índices de producción, se han elevado por dos por tres y por cinco, y este es un ejemplo aleccionador que tiene fuerza de mandato para poderle arrancar a la tierra lo que ella puede darnos si la sabemos trabajar. Cuando a mí personalmente me tocó el honor de presidir el Gobierno de la República, enviamos una comisión de técnicos de Australia y Nueva Zelandia, para que fueran a estudiar y a investigar formas de trabajo en aquellos países muy similares al nuestro. Los informes de esos hombres de ciencia han sido provechosos para la República y estos viajes tendremos que repetirlos enviando delegaciones de hombres de ciencia, jóvenes estudiantes, gente trabajadora y arraigada al campo, para que vayan a ver que se hace en otros pueblos y para que vuelvan confiados y sientan cuanto tenemos que realizar aquí y cómo es verdad que, a pesar de ser un país chico, es rico si sabemos arrancar palmo a palmo lo que la tierra nos puede producir. El tema producción carne tenemos que encararlo con preocupación y con energía. Paralización obrera, disminución de stock, mercado negro y contrabando y una política desconcertante en la actividad de los frigorificos es el panorama que estamos viviendo en estos momentos. Existen diez mil obreros de la industria frigorifica parados que le han costado al Estado en los años 1953 y 1954 mas de 9 millones de pesos por seguros de desocupación y esta es la verdad presente y el obrero parado va perdiendo peligrosamente sus hábitos de trabajo y con todas sus horas libres del día y la pobreza no obstante el subsidio, caen en una molicie nociva a la sociedad y en verdad lo que ellos necesitan y reclaman es trabajar y lo que tenemos que asegurarles no es el pago por desocupación sino el buen salario por el pleno trabajo. Piensen los señores legisladores los que habrían sido estos 9 millones dirigidos y aplicados a abaratar los abonos para enriquecer nuestra tierra o los alambrados para trabajar mejor los campos o ayudando nuestros horticultores a buscar el agua que fortifique sus semillas sedientas. Necesariamente el tema de nuestra riqueza campesina nos obliga a decir dos palabras sobre las obras públicas y la red vial. El camino es progreso social y riqueza económica y haremos cuanto esté a nuestro alcance para encarar y resolver estos urgentes problemas y estamos seguros de contar con la buena opinión del Parlamento y todo depende de que tengamos la fortuna de poder presentar a consideración de los señores legisladores un gran plan de obras pública que no será peligroso por sus términos ambiciosos y sólo será necesario que él esté bien estudiado en cuanto a sus posibilidades de que pueda convertirse en una realidad cierta. Ya el Parlamento que acaba de terminar su mandato ha dispuesto más de seis millones de pesos para entrar a disecar los Bañados de Rocha. Hay en esa región del país más de 300.000 hectáreas de tierras fértiles inutilizadas por el desborde de nuestros ríos y un trabajo perfecto nos podría llevar a reconquistar plenamente cerca de 500.000 hectáreas con un costo total de las obras que se dice no será superior a los 50 millones de pesos. Estamos seguros que ha de ser agradable al Parlamento en su ánimo patriota encarar la discusión de estos problemas y buscarle solución y nosotros hemos de colaborar con los señores legisladores y discutiremos con ellos para resolver estos temas que no están lejos de nuestro alcance y sólo se necesita que haya resolución para andar y para hacer. Las obras de remodelación del Puerto, levantar las usinas de Baygorria, tema ya estudiado y podríamos decir iniciado en sus aspiraciones, pueden y tienen que ser preocupación de este Gobierno, Parlamento y Poder Ejecutivo, y está en nuestras manos llevarlos adelante si ponemos fe en la acción de hacer. Renglón fundamental de nuestra vida económica y de la paz social que vivimos es defender y fomentar nuestra industria manufacturera. El Ministerio de Industrias acaba de publicar un trabajo cuyas cifras destacamos ante el Parlamento porque ellas están orientando la política que debe seguirse. Hay en el país 19.200 establecimientos industriales, grandes y pequeños, de los cuales 8.200 están radicados en la campaña. El capital invertido es de 1.200 millones de pesos; la producción alcanza a 1.600 millones de pesos y los obreros y empleados constituyen un núcleo de 205.000 ciudadanos con un salario anual de 500 millones de pesos, el doble en sueldos de lo que paga el Estado por su presupuesto. Estas son cifras que tienen un claro lenguaje que indican un camino si queremos continuar en nuestra línea de progreso y en nuestra paz social. ya somos un pequeño país industrial y fomentar estas industrias es obligación de todos, el Estado, las fuerzas capitalistas creadoras de ellas y el capital obrero que es quien las hace marchar y progresar. Podría ser redundante decir que existe la necesidad de la acción conjunta de estas tres fuerzas. Esta es una verdad que se ha repetido mil veces y desgraciadamente no se ha escuchado bien y tendrá que seguirse repitiendo tantas veces como se haga necesario para alcanzar lo que se busca con ello. El capitalista tiene el derecho a los beneficios de su capital invertido, pero el obrero tiene el derecho de su capital trabajo que es igualmente o más respetable que el capital dinero porque al fin capital trabajo es sudor, es desgaste, es esfuerzo personal y permanente y es lo único que tienen los hombres para poder ir atendiendo y resolviendo sus problemas diarios. Pero se hace imprescindible luchar por la comprensión de ambas partes. El capital dinero cuando es injusto, arbitrario, prepotente es nocivo a la sociedad pero el capital trabajo de brazos caídos, a desgano, sin buen rendimiento es también igualmente perjudicial a la sociedad. Ambas cosas son malas y contra ellas habrá que luchar. El trabajador que produce a desgano y que mata las horas conspira contra su salario, conspira contra su estabilidad en el trabajo y es en verdad una fuerza negativa para el progreso social y económico del país. Luchar por estas verdades elementales es una necesidad y una obligación y sobre ella estaremos permanentemente. Nuestra industria nacional ya es exportadora, pues con nuestra producción hemos rebasado el consumo interno y tenemos necesidad de buscar mercados internacionales y aquí entramos en un campo de peligrosa competencia con viejos pueblos, que vienen trabajando desde hace muchísimos años y que su bienestar depende de que sigan siendo dueños de los mercados internacionales. Nuestro deber, señores legisladores, es plantear estos temas aunque sea muy someramente ya que, por sí mismos son tan vastos y tan complejos y no podríamos hoy encararlos en su totalidad ni expresar opiniones definitivas de Gobierno y mis palabras son solo hoy expresión de nuestras preocupaciones y serán mañana temas de nuestra lucha gubernamental en el ambiente parlamentario Creemos que también tenemos el deber de decir dos palabras sobre la política financiera examinando cifras y expresando conceptos sobre el difícil y complejo tema de moneda. El señor Ministro de Hacienda del Gobierno que hoy termina su mandato ha ordenado dar a publicidad números del estado de las finanzas y ellos nos hablan de una masa de déficit presupuestales de 194 millones de pesos; y un déficit de 42 millones de pesos las Cajas sociales de Industria y Comercio, Civil y Rural y obligaciones de Letras de Tesorería a cumplirse en este año de 54 millones de pesos todo lo que constituye un monto deficitario de casi 300 millones de pesos, cifras que de corregirse muy seguramente ellas serán para aumentar. Estos números consignados por los trabajos de las oficinas fiscales de la actual señor ministro no los traemos aquí como expresión de un reproche porque no sería el lugar y porque no hemos llegado al gobierno para censurar lo que otros han hecho, sino para trabajar, para avanzar, para realizar. Los puntualizamos para que el Parlamento advierta los esfuerzos que habrá que hacer y además para destacar al país desde esta alta tribuna, cuál es el deber de todos en trabajar, y producir para salvar este obstáculo y para estar en condiciones de contraer nuevas obligaciones en la permanente acción de atender el progreso que necesariamente siempre impone nuevas cargas. Más complejo y más difícil es el tema de la política a seguir respecto de la moneda. La aspiración de toda sociedad bien organizada es tener una moneda fuerte, y ella se alcanza fundamentalmente respaldándola en trabajo, que es al fin, expresión de firme riqueza,, sin descartar, desde luego, el clásico respaldo del oro. La verdad es que nosotros hemos sido cuidadosos en el manejo de nuestra moneda y más que cuidadosos tal vez conservadores, me permitiría decir que no debemos asustarnos de ser conservadores en la custodia y valor de ella. No hay en la ciencia monetaria reglas inflexibles, y hemos visto con asombro en estos últimos años, cómo los países más ricos han vivido en plenas convulsiones monetarias. Desgravación, inconvertibilidad, desvalorización, son los recursos o es la enfermedad que puede advertirse por todos lados y en medio de este mundo monetario convulsionado, estamos nosotros siguiendo nuestro camino, con dificultades, pero discutiéndolo con serenidad, y con seriedad. Mantenemos un tipo de cambio oficial discutido; utilizamos la política de los cambios múltiples sólo para poder estar en los mercados internacionales, debido a nuestros altos costos de producción, frente a costos más bajos de otros países productores o a costos subsidiados y además, vive el país la discusión de extender o no estos cambios múltiples a otras actividades de la producción. El tema por si mismo es muy importante, trascendental para la vida económica y financiera del país, y entendemos que debe discutirse con gran cuidado por su importancia y por las dificultades que existen, para descubrir con claridad, el camino más conveniente a los intereses del país. Hay una sola verdad sobre la cual todos estamos de acuerdo, hoy si se quiere el valor de la moneda se respalda principalmente con el trabajo, con la riqueza que se produce y ésta es nuestra ambición como gobernantes, hacer que el país trabaje para que produzca lo que necesita para poder resolver todos sus problemas. Sin duda, señores legisladores, esta es una ambición más que plausible, pero indica también normas de acción en el Gobierno , a las que esperamos poder ser fieles. En materia de seguridad social, con destino a la cual desde las últimas décadas, el país viene realizando un esfuerzo económico progresivo e ingente, el Gobierno que se inicia deberá desarrollar una acción en consonancia con la inmensa entidad, de los intereses morales y patrimoniales que aquella comprende. Pero aquí también nos encontramos con el déficit y la crisis, perturbando y poniendo en peligro servicios de interés general, que afectan de manera profunda y directa a la sociedad y especialmente a sus clases laboriosas. Abordaremos con energía las rectificaciones adecuadas para salvaguardar los patrimonios de los Institutos Jubilatorios y para lograr el debido funcionamiento de estos organismos fundamentales para la seguridad social. No plantearemos la exigencia de nuevos tributos que consideramos innecesarios, pero sí la de que se recauden puntualmente y con fidelidad lo que las leyes en vigor atribuyen a las Cajas. No nos embarcaremos en el desarrollo y la ampliación de nuevos beneficios en el orden de la pasividad hasta que a plazo breve hayamos obtenido la certeza de que los patrimonios y las rentas han recuperado los niveles adecuados. Pero tampoco daremos un solo paso atrás en cuanto a todo aquello que las leyes han concedido a los afiliados a las Cajas y en cuya estabilidad y vigencia, están interesados la justicia social y la democracia. Y en los demás órdenes de la seguridad social a los que todavía no hemos podido entrar de ningún modo o sólo de manera incipiente, ofreceremos soluciones en armonía con el progreso que la República ha logrado en el orden jubilatorio En el ambiente de la cultura nos proponemos mantener y acentuar la política tradicional de nuestro Estado. Hemos reconocido el derecho de acceso de los ciudadanos a todas las fuentes de la cultura. Ello importa como consecuencia ineludible, la obligación del Estado de hacer que el principio teórico se traduzca en un siempre creciente realidad. De poco valdrían las conquistas en el orden económico social, si ellas no están destinadas al hombre libre en una conciencia libertada de las angustias económicas pero, al propio tiempo, libre de todo terror engendro de la ignorancia y de sus desgraciadas limitaciones. Consecuente con estos conceptos propendemos, en todas las formas de su expresión, no a la descentralización de la cultura, como se ha expresado erróneamente, sino a la unidad de la cultura. Para, los habitantes del interior del país, la cultura como los demás derechos idéntica a aquella que la Capital recibe. Por fortuna nuestro pueblo ha demostrado siempre, mucho más en estos últimos años, su afán y su esfuerzo por crearse su propia cultura. En toda la extensión del país, nuestro Gobierno se empeñará en encauzar y desarrollar este impulso, porque el hombre tiende a alcanzar su definitiva libertad. En materia de Salud Pública, será preocupación fundamental del Gobierno, la vigilancia permanente de los servicios asistenciales y profilácticos, dándole a los distintos institutos la suficiente autonomía para que con plena responsabilidad de sus funciones, puedan ejercerlas sin las trabas que significa una desmedida centralización. Nos ocuparemos también principalmente de la vigilancia y reorganización de la asistencia médica mutual, tratando de concertar un plan orgánico en que las distintas entidades que se ocupan de esta materia, tanto particulares como estatales no diluyan su efectividad y reciba así el pueblo que solicita asistencia técnica, una real atención en sus justas demandas en este sentido. Será también preocupación fundamental la reorganización de todo el sistema administrativo del Ministerio de Salud Pública, buscando la finalidad de evitar inútiles tramitaciones y hacer efectivo y de manera ejecutiva los requerimientos de los distintos servicios hospitalarios, asistenciales y profilácticos. En esta materia pensamos que un asesoramiento de organismos especializados dará sin duda un nuevo cauce y nuevas orientaciones en este aspecto, que han sido indudablemente abandonado hasta el momento. En el aprovisionamiento de los cargos técnicos y de servicio, trataremos de dictar normas para que ellos sean desempeñados por los más capacitados, asegurando así una eficacia y una seguridad en la asistencia médica y en los servicios auxiliares. Las Instituciones Armadas del país merecerán como las restantes actividades en el orden social y administrativo nuestra atención y cuidado. Gobiernos anteriores le han dado por leyes especiales cuidadosa atención a la Marina de Guerra y a la Aviación Militar y ambas Armas tienen en la actualidad, el material necesario para cumplir con su misión pero el núcleo que constituye la Fuerza de Tierra, no se ha visto igualmente atendido y armas ya en desuso por lo anticuadas, con la más complicada variedad de ellas impondrán al Gobierno, la necesidad de tomar las medidas convenientes para corregir esta grave deficiencia. Somos un país de paz no hemos formado un ejército que represente peligro para nadie, pero es conveniente para la propia moral de los soldados darlas a las Fuerzas Armadas los elementos en función de las posibilidades del país y de sus necesidades que les permita cumplir con su deber y obligación. La organización policial de toda la República tendrá igualmente que ser atendida en sus imperiosas reclamaciones, para poder guardar el orden y tutelar todos los derechos. Vivimos la felicidad de un pueblo de buenas costumbres, de gente honrada, pero es de toda evidencia que la organización policial tiene que estar a tono con el desarrollo de nuestra población, y además para poder cumplir con algunos deberes elementales. Podría destacar el ejemplo de la dificultad que es para nuestra policía de los Departamentos limítrofes, cuidar nuestras fronteras contra los contrabandistas bien organizados y bien armados, llevando nuestro guardia civil carabinas de un solo tiro que lo obligan a correr inminentes peligros, salvado siempre por la lealtad funcional y muchas veces con el cumplimiento del deber, hasta el sacrificio. En la iniciación de mis palabras y al hablar en nombre del Consejo de Gobierno me he referido a nuestras obligaciones como gobernantes frente a las Instituciones de la República, sentimiento del deber que es de todos los ciudadanos pero creo que para terminar mis palabras tengo que decir alguna cosa sobre la responsabilidad que en este sentido tenemos nosotros como expresión de la mayoría del Gobierno y en representación de la voluntad mayoritaria del electorado de la República. Nuestra tradición ha sido luchar por el afianzamiento de las instituciones y hoy particularmente para nosotros será inmenso deber robustecer con nuestras actitudes de gobernantes la actual Constitución cuyo origen de pensamiento está radicado en la persona del ciudadano José Batlle y Ordoñez. El fué quien en el año 1913 planteó la reforma constitucional y la implantación del Gobierno Ejecutivo Pluripersonal. Como régimen nuevo, está todavía en la discusión ciudadana y es nuestra obligación para con la república y lo es para con el pensamiento de aquel hombre militante en nuestro partido, cuyas enseñanzas recogemos con fervor, empeñarnos en afianzar en el sentimiento ciudadano las virtudes institucionales de la actual Constitución. Señores legisladores: no vivimos un régimen parlamentario, pero el progreso del país se podrá alcanzar en la unidad de Gobierno que realicen el Poder Ejecutivo y el Parlamento. Insisto en que entremos permanentemente en esta Casa con un Gobierno Ejecutivo que buscará, en la lucha y en el encuentro de ideas, la felicidad de la República. Hago votos por que todos sepamos cumplir con nuestras respectivas obligaciones.