Serrato, José

1923
Señores Senadores.- Señores representantes - señores Consejeros, - El veredicto de mis conciudadanos, pronunciado en elección directa,- la primera que se realiza en el país,- me ha investido con la función pública más honrosa y de mayor confianza en una democracia representativa. Mi autoridad, genuinamente popular, tiene, pues la trascendencia que se deriva de ese hecho, y de haber surgido de comicios libres, en los cuales los partidos en que se divide la opinión nacional han actuado ejerciendo todos los atributos de la libertad y la república ha puesto en evidencia sus progresos políticos. El país se ha agitado en plena y fecunda acción cívica. Hemos vivido horas de intensa y verdadera democracia. La lucha comicial reflejó gran honor sobre la República, pues ha señalado la conquista de una nueva y brillante etapa en la ruta del perfeccionamiento de las instituciones, y de las prácticas del Gobierno propio. Esto no significa que crea que las leyes electorales vigentes sean perfectas, y por lo tanto, deban quedar cristalizadas. No una democracia vive en una constante acción reformadora, buscando, por mejoramiento sucesivos, la solución de los problemas que la afecta, y la obtención de la anhelada meta de sus aspiraciones morales y materiales. El mandato que he recibido comporta importantes deberes y su ejercicio puede crear grandes responsabilidades. Acepto los primeros, con la ambición de hacerme digno de la distinción otorgada, y en cuanto a las responsabilidades, me esforzaré para que mi conciencia no me acuse, en momento alguno, de haber incurrido en ellas. Podré no acertar en las disposiciones que adopte, por causa del humano error, nunca por la sugestión de otros intereses que no sean los superiores de mis conciudadanos y del país. Los cometidos esenciales que me atribuye la República, de acuerdo con el estatuto político que nos rige, son su representación, y la conservación del orden y la tranquilidad en lo interior y de la seguridad en lo exterior, sin lo cual es imposible la realización de la obra civilizadora de libertad, justicia y progreso que perseguimos. Aunque restringidos, los servicios públicos a mi cargo son de carácter fundamental; me empeñaré, serenamente en obtener que lo que la función ha perdido en amplitud de facultades lo conquiste en consideración y autoridad, por la constante preocupación del interés general a que me dedicaré. Cualesquiera sean mis ideas sobre la organización constitucional del P. E. ella será honrosamente respetada por mí, por haber sido el fruto de una Convención Constituyente elegida en condiciones de perfecta regularidad. Mi deber funcional me impone esa conducta; si pretendiera seguir otra atentaría contra la tranquilidad pública y los principios primordiales de la democracia, incurriendo, por lo demás , conscientemente, en responsabilidades que rechazo. No se me ocultan las serias dificultades que voy a encontrar en mi camino, derivadas de esa organización, de las divisiones del partido político a que pertenezco, y de mi posición de imparcial frente a esas divisiones; abrigo, sin embargo, la convicción de que, inspirado como lo estaré siempre en el firme propósito de realizar el bien público no ha de faltarme el apoyo indispensable para desenvolver, con provecho para todos, mis actividades gubernamentales. Ratifico ante vosotros los compromisos que por libre y espontánea deliberación contraje con mi partido y el país en la nota-programa que el 11 de Septiembre del año anterior dirigí a las agrupaciones coloradas. La normas fundamentales que inspirarán mi conducta de Presidente están en ese documento bien puntualizadas. Nada tengo que modificar de lo allí expuesto; opino hoy lo que pensaba entonces. Mis antecedentes públicos abonan la sinceridad y los sanos propósitos que me animan; los actos de gobierno que realice los confirmarán. No me atraen ni me seducen las voluptuosidades del Poder. Llego a él obedeciendo a exigencias imperiosas de mis deberes ciudadanos y partidarios, e impulsado exclusivamente por el pensamiento de consagrarme al bien de mi patria. Aspiro a desempeñar el cargo en un Gobierno de amplio y sereno examen y de tolerancia con las ideas ajenas, posición ésta, que reputo perfectamente conciliable con la mayor firmeza en las propias ideas, y con la mayor energía y voluntad para realizarlas, salvando todos los obstáculos que se pongan a ello, dentro de los preceptos constitucionales y legales. Es admirable la obra realizada por la República: desde el período caótico, turbulento, de la formación nacional, ha pasado por tiranías dictaduras, conspiraciones, guerras civiles, crisis pavorosas y una serie de gobiernos más o menos regulares, a base a menudo, de un régimen de política autoritaria, carente de los recursos jurisdiccionales indispensables para garantir la libertad y el derecho, y con frecuencia injusto y arbitrario, para llegar, en menos de una centuria a la soberanía de la ley y al imperio de los principios del derecho público moderno, que es el ideal perseguido por la democracia. En tal virtud todos los derechos son respetados, se han ensanchando la base del sufragio, el ejercicio de la actividad cívica se realiza en forma tranquila; las leyes electorales contienen preceptos de amplia garantía; los órganos de opinión examinan, sin limitación todas las cuestiones que interesan a la República; la libertad de reunión, de asociación y de pensamiento son conquistas arraigadas, que nada ni nadie podrá contrariar; se ha atendido el clamor y aún la aspiración silenciosa de las masas populares en demanda de reformas de orden político y social; el pueblo se da libremente sus representantes, hemos obtenido verdadera personalidad internacional; se ha acrecentado considerablemente la riqueza pública y la cultura general, y seguimos con valentía, inspirados en un sano y equilibrado optimismo, el camino de nuestro desarrollo, en procura de una mayor grandeza y prosperidad para la Nación. Nuestros esfuerzos deben tender a fortificar y perfeccionar todos esos progresos; ellos nos otorgan una posición entre las naciones civilizadas.- Pues no lo son completamente aquellas en que el pueblo no es dueño del Gobierno,- y nos permiten el funcionamiento de los servicios públicos, con un espíritu de amplia libertad, igualdad y justicia dándonos la seguridad de que realizamos una obra de honda trascendencia para la República. Con todo, el verdadero problema actual e de las más graves preocupaciones nacionales - es de orden económico, financiero y social, de equilibrio de fuerzas productoras y de restablecimiento del bienestar general. He de empeñarme en mantener en la mayor armonía las dos bases esenciales de toda democracia representativa: la libertad y el orden. Sin el orden y la libertad no hay Gobierno ni unidad nacional, ni progreso posible. "El orden en la libertad y para la libertad" es el factor primario de toda buena organización política; por eso conceptúo que el Gobierno de una democracia debe disponer de los elementos necesarios para garantirlos, y debe ser lo suficientemente fuere para hacer respetar el derecho, y para velar por la justicia. En consecuencia, protegeré la libertad ejercida dentro de los preceptos democráticos de la Constitución y las leyes. Seré un respetuoso de la ley. Entiendo que ejerceré la Presidencia sujeto al contralor de la opinión y de los órganos de autoridad creados por la Constitución, tal cual corresponde a una República democrática; y entiendo, también, que la mejor manera de evitar males mayores, que perturbarían el espíritu y desorientarian a las generaciones que han de sucedernos en la dirección política del país, es la de cumplir el mandato con sujeción a las reglas de derecho establecidas, respondiendo a una cultura superior, política y social. En tal virtud, y hago de ello mención especial, por la importancia que tiene en la vida nacional, procuraré con todo empeño, que se cumplan las proscripciones del inciso 2o. del artículo 9o. de la Constitución.- Contienen un postulado, encierran una suprema aspiración, que es condición y esencia del régimen republicano. Comprendo perfectamente su espíritu: el de restringir las actividades cívicas a determinados agentes de los servicios públicos, con el sano propósito de afianzar la democracia sobre la base del voto libre.- Los partidos políticos deben, pues, organizarse y funcionar sin admitir que se mezclen en sus actividades los funcionarios a que se refiere esa disposición constitucional; y deben contribuir también a hacer comprender que el prestigio de la autoridad y el personal de esos mismos agentes se acrecienta, con beneficio para todos, cuando permanecen ajenos a los movimientos partidarios, entregados, por entero, a la labor requerida por la gestión de los servicios a su cargo.- Aspiro a ser el guardián más celoso del derecho de elección del pueblo; me empeñaré por lo tanto, con toda lealtad en que no se falseen con intervenciones indebidas e ilegales, los resultados que se esperan de las garantías establecidas en favor de la verdad del sufragio.- El vivo anhelo de los partidos, expresado en la disposición mencionada del estatuto fundamental, será cumplido.- Asistiré, con el más elevado espíritu de imparcialidad, al choque cívico de los partidos ante las urnas electorales convencido de que ese es, para mí un deber y de que solo de esas luchas es que emerge nuestro perfeccionamiento, como entidad democrática. Esto no implica,- y lo digo expresamente para evitar todo equívoco,- que enajene mi libre apreciación de los hechos y de los hombres, y que no procure, empeñosamente, la concentración de las distintas agrupaciones de mi partido o, por lo menos, una mayor armonía en su acción, que reputo de supremo interés nacional, sin mezclarme en sus organizaciones internas ni en la designación de sus autoridades y candidatos a los puestos electivos ni en sus trabajos electorales.- Mi conducta, basada en la mayor probidad cívica constituirá en todo momento una verdadera garantía imparcial de las actividades de todas las agrupaciones políticas del país.- Seré, por consiguiente, el funcionario político y administrativo, que la Constitución indica en su texto y en su espíritu. La Constitución ha asignado a la Presidencia las funciones primarias del Estado; las económicas y financieras que también le comete, son más bien de orientación general para colaborar en la gestión encomendada al Consejo Nacional de Administración. La necesidad del mejor y más regular funcionamiento de los servicios públicos impone, en mi concepto, una amplia colaboración, una mayor independencia a los diferentes órganos del Gobierno, atenuando las reglas o normas inspiradas en una rígida y hermética separación de las autoridades que respondió a un período y estado particular de la organización política. Lo que acabo de indicar no significa que pretenda invadir las atribuciones de otros, sino que buscaré siempre la cooperación amplia, clara y leal, sin otro pensamiento ni otro interés que el bien público. Mi propósito es contribuir a una mayor unidad gubernamental, como medio de hacer obra constructiva y de obtener el mayor acierto. Entiendo que la colaboración estrecha del Poder Legislativo con el Ejecutivo, y la de las dos ramas de este último, es indispensable para desenvolver una fecunda y útil obra de Gobierno. La distribución en dos órganos de las funciones del Poder Ejecutivo, no debe significar aislamiento, barreras infranqueables; entiendo, por el contrario, que para obtener el máximo de beneficio de la Constitución que nos rige, es necesario establecer entre ellos la mayor armonía en los rumbos fundamentales de la gestión gubernativa. Esa armonía no significa unicato, ni autoridad absoluta, ni debe obtenerse a base de compromisos que violarían el principio de la deliberación y el de la responsabilidad fundamental; implica sólo concordancia general en las ideas y propósitos de Gobierno. Por mi parte estoy dispuesto a buscarla y a aceptarla, convencido de que así, y sólo así, podrá realizarse la obra de progreso y de orden administrativo que reclama la República. Estoy investido en gran parte de facultades discrecionales, que no obligan a motivar las decisiones, y que suponen una libre y soberana apreciación del interés del servicio; entiendo, sin embargo, que el uso de las facultades, en la forma en que se ejerce debe irse limitando, hasta dejarlo sólo subsistente para los cargos de confianza. Hay que estrechar cada vez más el campo de los posibles errores e injusticias: lo arbitrario debe desaparecer y los abusos deben refrenarse. Esa evolución iniciada aunque lentamente en el derecho público como consecuencia de la aceptación de principios democráticos y del nuevo concepto de las funciones públicas, por elevadas que sean, he de tenerla constantemente presente, por lo que importan para el buen funcionamiento de los servicios del Estado y para la estabilización de la justicia administrativa. Combatiré la inacción dentro de la esfera de mi jurisdicción funcional; todos, sin excepción, deben contribuir con su esfuerzo al prestigio y perfeccionamiento de los servicios públicos. Si las leyes que deba cumplir y hacer cumplir no contuvieren los preceptos adecuados, solicitaré del Poder Legislativo su reforma o ampliación, ontribuyendo así, sin tardanza, al mejoramiento de la Administración y de las instituciones puestas a su alcance, por el legislador, para satisfacer las aspiraciones de la colectividad. La organización de las policías ha constituido un constante y serio problema de gobierno y una viva aspiración de la República. Diversas circunstancias han impedido hasta ahora darle satisfacción completa. Por mi parte no pretendo resolver total y definitivamente esa cuestión; sólo aspiro, atendiendo ese clamor del país , a mejorar fundamentalmente la institución y a dejar establecido el organismo que proporcionará en el futuro los elementos que han de componerla y honrarla. Es una obra que necesariamente ha de abarcar varias Administraciones en un esfuerzo orientado en el mismo sentido. La organización de la policía debe cimentarse sobre bases severas de selección, instrucción y educación; sólo bajo esas condiciones es dable esperar y obtener los tributos de prestigio, serenidad, circunspección y moralidad que le son indispensables para poder llenar su alta misión social. Conceptúo que debemos ir a la formación del espíritu de cuerpo, y al establecimiento de una escuela o instituto policial, de funcionamiento permanente, creado a base de disposiciones que reglamenten las condiciones de admisión, de instrucción y educación que ha de darse, la entrada al servicio, los ascensos y premios en el mismo, los tribunales de disciplina y corrección, y los demás requisitos que se reputen necesarios para alcanzar la finalidad buscada. La instrucción y educación del funcionario policial sólo puede adquirirse a mi juicio, metodizando su aprendizaje por el estudio y la disciplina, bajo disposiciones de organización y funcionamiento conveniente. Los elementos deben ser jóvenes, escogidos, por el momento, del personal actual,entre los que presentan mejores condiciones física y morales, y la dirección de la escuela ha de estar a cargo de quien haya dado pruebas de sus condiciones de organizador, así como de su energía y actividad, y tenga fe en el desenvolvimiento de la institución policial. Mientras la escuela no esté en situación de proporcionar los elementos que han de contribuir a la transformación fundamental del servicio, me propongo ser lo más severo posible en lo que se refiere a la elección del personal de comisarios, subcomisarios y agentes subalternos, de forma tal, que por sus antecedente y conducta y por el respeto que merezcan, sean realmente, los representantes de la autoridad encargada del orden y tranquilidad públicas. La República ha dado pruebas evidentes de su sincero apasionamiento por la paz, y de su adhesión al principio de arbitraje, para dirimir las cuestiones que puedan suscitarse entre los Estados. Nuestras relaciones internacionales deben inspirarse en un alto sentimiento de confraternidad con las naciones americanas, y de cordiales vinculaciones políticas y económicas con todas las que integran el mundo civilizado, siempre que se muestren respetuosas de nuestra personalidad. Nuestra aspiración debe ser la de prosperar y desenvolver las energías nacionales, al amparo del orden y de la tranquilidad interna y externa; para esta último es indispensable continuar " la política de prestigio exterior" que con tan buenos resultados se ha seguido últimamente, razón por la cual me solidarizo con la obra internacional realizada. La fuerza de la República debe cimentarse en la afirmación de los grandes postulados del derecho y de la justicia, sea cuales fueren los rumbos contrarios que, a veces, parezcan seguir los sucesos en el mundo internacional. Debemos aspirar a que se reconozca siempre nuestra plena personalidad ante el derecho; pero no debemos olvidar que ese derecho tiene que fundamentase en nuestra fuerza moral, en nuestro honor, en la nobleza de los ideales que sustentamos y en una activa y vigilante política de vinculaciones internacionales. Nuestros agentes en el exterior, especialmente los que ejercen sus actividades fuera de América, deben ser más agentes económicos que políticos, propendiendo, mediante una reglamentación conveniente, a ensanchar las relaciones comerciales de la República. Me preocupará seriamente el progreso de las instituciones militares. Tengo la más alta opinión sobre la marcha regular y progresiva de los servicios de guerra; la tengo igualmente de sus componentes, de su espíritu de adelanto, de su acatamiento reflexivo a la disciplina, de sus elevadas condiciones de cultura y de moral. La noble misión que desempeñan las fuerzas armadas, de guardianes del orden público, de las instituciones y de la dignidad nacional, obliga a pensar en su constante perfeccionamiento, tanto en materia de instrucción, como de armamentos. Al afán persistente de progreso que se observa en todas las manifestaciones de la vida militar y de sus servicios auxiliares, encontrará en mí el mayor apoyo y el más constante estimulo. Debe trabajarse mucho y bien. El espíritu de iniciativa, revelador de una elevada cultura profesional, hallará también en mí la mejor acogida y el más activo propulsor. Procuraré, con la elevación de mi conducta, que el sentimiento del deber individual y colectivo de las instituciones armadas, se arraigue cada vez más, para que llenen así, ampliamente, las importantes funciones públicas que les están encomendadas. En mi espíritu primarán siempre las aptitudes y el honor, en el discernimiento de las funciones y servicios. Fuera de los cometidos esenciales a que me he referido en el capítulo correspondiente, la Constitución de la República ha asignado al Presidente algunos de carácter económico-financiero, de suma importancia. Es cierto que lo que de él se requiere en esos casos, es la opinión sobre iniciativas concretas de leyes cuya redacción y presentación corresponde al Consejo Nacional de Administración, y, por lo tanto, cuando la orientación de las dos ramas del Poder Ejecutivo no sean armónicas podría acontecer que la opinión presidencial no fuera acompañada del proyecto que la refleje; pero las dificultades quedarían subsanadas, con gran beneficio para el interés público, si esas relaciones fueran cordiales y se aceptaran los propósitos de cooperación a que me he referido anteriormente. No obstante no corresponder, a mi cargo el Gobierno económico y financiero directo de la República, aspiro de mi deber establecer las reglas que inspiraran mi gestión. El Poder Legislativo es el único que debe determinar el destino de los dinero públicos; al Poder Ejecutivo corresponde su aplicación dentro de las normas legales de Administración establecidas; pero, si se quiere que el funcionamiento de los servicios del Estado no sufra tropiezos, es indispensable que el estudio y sanción del Presupuesto de Gastos se verifique periódicamente ,y el de las leyes que lo modifiquen y amplíen, a medida de su presentación. Si la ley de gastos no es el reflejo de las necesidades de la Administración Pública, es imposible el desenvolvimiento regular y continuo de la actividad gubernamental. He de cuidar celosamente la inversión de los dineros afectados a la rama del P.E. a mi cargo, solicitando o dictando al efecto, las disposiciones convenientes; he de impedir toda extralimitación de los créditos concedidos por el Cuerpo Legislativo; y en todo momento, daré a él y a la opinión pública, a cuyos contralores estoy sometido, cuenta instruida de las inversiones verificadas, y las explicaciones pertinentes, para evidenciar la corrección de mi conducta. Si hay posibilidad de hacer economías las realizaré, sean grandes o pequeñas, pues de no hacerlo dejaría de cumplir con mi deber y demostraría ser un mal administrador; pero no creo que sobre ellas pueda fundarse prácticamente ningún plan de reorganización de la Hacienda Pública. Creo en cambio, que un reajuste del organismo fiscal produciría resultados mucho más apreciables. La situación de nuestra balanza de pagos, y los problemas que ha planteado y planteará la "post-guerra", indican, en mi concepto, que debemos tender a restringir por el impuesto la introducción del país de muchas mercaderías; que hay que estimular, por la educación técnica,y por una organización adecuada del crédito a la pequeña y mediana industria., la creación de actividades manufacturera, especialmente de aquellas que sean transformadoras de la materias primas nacionales; que debe aumentarse y diversificarse nuestra producción exportable; y que se impone investigar la existencia de otras fuentes de riqueza pública, poniéndola, de inmediato en valor económico. Sería esa una política de fomento industrial, tendiente a ensanchar la capacidad económica de la República y a elevar el nivel de vida general. Con todo, el problema del momento en esta materia, el que todo lo afecta y domina, es el relativo a la situación de nuestra industria ganadera. Las causas del mal han sido puestas de manifiesto, no obstante la complejidad de la cuestión. Lo que no se ha hallado aún es la terapéutica que debe aplicarse. Opino que todo plan de defensa debe necesariamente reposar en la asociación de los productores,- a ella tiende, por otra parte, la evolución económica moderna,- y en la intervención decidida del Estado, como representante y órgano funcional de la sociedad, el cual debe poner en juego, en pro de esa finalidad, sus institutos técnicos, sus organismos de crédito y sus vinculaciones internacionales. Un gran instituto, nuevo en su género,- como es nuevo también el problema, y como son grandes y relativamente nuevas las fuerzas y obstáculos opuestos al interés nacional,- tiene que tomar a su cargo la dirección económica y financiera de esta cuestión vital para la República y para la más importante de sus clases productoras. Si no lo hacemos, y aún cuando desaparezcan después algunas de las causas que han contribuido a producir el grave malestar, la situación continuaría sin variación apreciable, porque, para entonces, se habrían arraigado y perfeccionado los procedimientos y recursos poderosos, puestos en práctica para dominar a la industria ganadera; frente a las vastas organizaciones que tienen en su mano la riqueza nacional, se impone, para defenderla con eficacia, la creación de un organismo, que concentre todos los intereses afectados a un acuerdo rioplatense. De lo contrario, habría conquistado la República su independencia política, y el reconocimiento de su personalidad internacional, como sujeto de derecho, pero habría perdido su independencia económica, y con ella las esperanzas de conquistar la ansiada prosperidad general. Creo que oportunamente deberemos realizar una gran operación de crédito que comprende la conversión de algunas deudas, la consolidación de las flotantes y los recursos necesarios para completar los instrumentos económicos que el país reclama para el mejor aprovechamiento de sus riquezas. Si fuera necesario pensar en la creación de impuestos, mi opinión es que deben buscarse entre aquellos que hacen las veces de compensadores o correctores de los indirectos sobre los consumos, cuya incidencia produce cargas tan desiguales y injustas. La cuestión social, no obstante todo lo que se ha hecho ya, debe continuar mereciendo la atención de los Poderes Públicos. Hemos afirmado la gran conquista de la libertad electoral, sería incomprensible el que, con ella, no fuéramos capaces de alcanzar. por ley,- reflejo del sentir nacional,- la mayor justicia social. Es una obra de evolución progresista y de superior cultura intelectual y moral, que está en nuestras manos realizar. El valor y los derechos del trabajo se consideran, en el mundo civilizado, cada vez en forma más favorable. Si hay coincidencia de criterios en cuanto a la necesidad de la colaboración de todos los elementos de la producción, patrones, técnicos, empleados y obreros, la dificultad aparece, y profunda cuando llega el momento de aplicar la fórmula justa de acuerdo con la cual ha de desenvolverse. Todo parece tender, en el campo de la producción, a la coordinación industrial; pera para que ésta sea benéfica y duradera, tiene que asentarse sobre la colaboración de los intereses armonizados de los patronos, de los trabajadores y de los consumidores impuesta por la intervención del Estado. Los conflictos del trabajo deben encontrar su solución dentro del respeto a los intereses e ideas contrarias y del orden y la paz, que la constitución me ha encomendado garantir, en procura del bienestar individual y colectivo. La democracia,en su vida de lucha y de labor, después de haber obtenido la igualdad política, se empeña en conseguir, ahora, una menor desigualdad económica y social, a base de una mejor y más justa distribución de la riqueza y de los frutos del trabajo. Señores senadores: Señores representantes: señores consejeros: Más que planes concretos de gobierno, he expuesto, ante vosotros, las ideas generales a que subordinaré mi conducta como Presidente. En todo momento me empeñaré en mantener en mi espíritu la serenidad y reflexión necesarias para que mis actos de gobernante guarden con ellas la armonía que deseo. Constituiría para mí un alto honor el que, al terminar el mandato que recibo del pueblo, éste reconozca que he sido consecuente con las ideas expuestas al iniciar su ejercicio, y que he empleado siempre medios honorables para el cumplimiento de los preceptos constitucional y legales.