Santos, Máximo

1882
Señores Senadores , Señores Representantes Honrado por la Honorable Asamblea Legislativa de mi país, con la elección á la Presidencia de la República, recaída en mi persona, no puedo menos, señores, que manifestar los sentimientos y los deseos de que me encuentro animado. No se me oculta la responsabilidad que contraigo, ni desconozco los sagrados deberes del puesto que se me confía. Sé bien que la felicidad del país y el progreso de sus valiosos intereses requieren la voluntad mas firme y el patriotismo mas severo. El sostenimiento de la paz, á cuyo amparo se vinculan los intereses del país; el cumplimiento de las contratas en todo aquello que se relacione con el crédito público, base fundamental de una Administración honrada - el cultivo con el mayor empeño de las relaciones internacionales;- la protección decidida á la inmigración y a los centros de comercio é industriales, en su desarrollo creciente; las garantías á la propiedad y á la vida, y el respeto á todas las libertades legítimas que consagran labor que me habéis encomendado. Como ciudadano y como militar pertenezco á un partido político que ha proporcionado á la Patria días de gloria, y á los cuales no puedo ser insensible; pero, como Presidente de la República, no tengo mas bandera que la del honor Nacional; y mi guía será la Ley y la Justicia. No puede ser motivo de censura para un ciudadano, la ambicíon de servir noblemente á su país, porque ella se encuadra siempre en las conveniencias públicas y en los intereses generales, y permitidme, señores, os declare: tengo esa ambición. Las virtudes republicanas, no son, en absoluto, consecuencia exclusiva de un diploma ó titulo universitario; en las facultades y en el espíritu de un soldado, se encontraron mas de una vez los sentimientos y la fe inquebrantables del ciudadano que puede ser útil á su patria cooperando de una manera eficaz á su bienestar. Esas son mis aspiraciones, os lo repito, y para el mejor logro de ellas, pido á la Honorable Asamblea General su valioso concurso, á fin de que me ayude en la ardua pero noble tarea de la reconstrucción política y administrativa de nuestro país. Con ese concurso y el contingente de la opinión pública, conquistaremos el puesto á que tenemos derecho y debemos ocupar entre las naciones del mundo civilizado.