Latorre, Lorenzo

1879
Señor Presidente: Honorables Senadores y Representantes: La honra que acabáis de tributarme elevándome con vuestro voto á la Presidencia constitucional de la República, aunque inmensamente mas alta que mis merecimientos, no me envanece ni puede hacerme olvidar que al aceptarla con agradecimiento, me impone un gran sacrificio. Tres años de experiencia en la Gobernación provisoria del País, me han enseñado prácticamente que por mas gloria que se refleje para el ciudadano en la elevación al mando supremo de la República, gobernar bien es un problema rodeado siempre de espinosas dificultades; una lucha sin tregua de todos los días y de todos los momentos; un afán incesante en fin, que hacen muchas veces vacilar la voluntad y la energía mas bien probadas. Está, sin embargo, de por medio entre vuestro voto y mi decisión, a suerte del País, y acepto resignado vuestro mandato. Asísteme la esperanza de que en la misión que me encomendáis he de poder contar siempre con vuestro concurso, vuestro patriotismo y con el apoyo de la opinión imparcial para completar la obra de la reconstrucción del País. En esta obra, el concierto y la armonía de los poderes públicos es la base primordial con que el pueblo debe contar para esperar con fe los días serenos de su progreso y bienestar. El juramento solemne que acabo de prestar ante la Honorable Asamblea General de cumplir y hacer cumplir la Ley, es el mismo que vosotros, señores Senadores y Representantes habéis prestado también; y eso quiere decir que todos de consuno hemos aceptado el compromiso de mantener incólume la paz pública que es la base del engrandecimiento de los pueblos, el orden, la moralidad administrativa y el adelantamiento de nuestra Patria. Que Dios me ilumine y que el País nos lleve severa cuenta de nuestros actos públicos. Tales son, Honorables Senadores y Representantes, los votos que me animan al asumir la Presidencia constitucional de la República.