Martínez Trueba, Andres

1951
1º de marzo de 1951 Señor Presidente, señores legisladores: iniciase el nuevo Gobierno de la República, en un ambiente de tranquilidad en que las actividades todas del país se desarrollan normalmente, alentando las esperanzas y el optimismo con que encaramos el futuro. La existencia del presente estado social, no obstante la intensa y apasionada agitación que promovió la lucha electoral debe ser atribuida a la confianza que el pueblo tiene en la solidez de las instituciones democráticas y en los designios claros y honrados de los Gobernantes. Conservar esta confianza fortaleciéndola será la finalidad de mis actos en el Gobierno. Para ello ningún esfuerzo me parecerá excesivo. La acción personal y las facultades con que la Constitución ha dotado a la Presidencia de la República, serán puestas por mí al servicio de toda iniciativa, propósito o persona que coincida conmigo en aquella finalidad. Prometo a los demás Poderes del Estado la colaboración amplia del Poder Ejecutivo en cuanto esté comprendida en las respectivas órbitas constitucionales y espero de cada uno de ellos la misma disposición de ánimo. Son tan importantes los problemas que hemos de afrontar, que será indispensable la suma de nuestros desvelos para resolverlos con acierto. La consagración al interés público por sobre toda preocupación banderiza o personal son el noble objetivo de acrecentar las energías de la Nación, en estos momentos en que inquietantes amenazas se ciernen sobre la humanidad, es el imperioso llamado que hemos de atender indeclinablemente los que recibimos del pueblo el sagrado mandato de custodiar su seguridad, su tranquilidad y su libertad. Candidato de un partido político, estoy solidarizado con sus ideas y me siento responsable del cumplimiento del programa de Gobierno con el cual aquél reclamó para mi los votos de los ciudadanos. Entiendo que el concepto que inspira esta conducta es de estricta ética política y se ajusta al espíritu de la disposición constitucional que establece el doble voto simultáneo. Nada sería más incongruente que exigir del ciudadano elector el pronunciamiento previo sobre un partido político y admitir después, que el candidato elegido olvidase en sus actos de gobernante, los vínculos ideológicos y los compromisos morales que contrajo con aquél. Pero esta consideración no me impide, antes bien me obliga, para que mis actos tengan la autoridad y dignidad que corresponde, a proceder con la máxima imparcialidad en cuanto tenga relación con el interés público, cualesquiera sea el sector de la opinión de donde surja. No concibo que exista antagonismo alguno entre los deberes de Gobernante y los contraídos con el partido, para quien no está afiliado a una colectividad política, sino para servir mejor los intereses de su país. He aludido a los problemas que hemos de encarar.Están en primera línea los de orden económico. La economía nacional necesita ser puesta en orden y fortalecida.Si, actualmente es halagador el estado de las fuente de producción, débese sobre todo a la influencia de factores foráneos de cuya persistencia no tenemos ninguna seguridad. Urge, por lo tanto, retener, incorporándolos de modo estable a la producción, todos aquellos elementos que las circunstancias favorables presentes, nos lo permiten. Mi actuación al frente de organismos públicos relacionados estrechamente con la producción, me ha permitido comprender en qué circunstancias y cómo puede concurrir el Estado a hacer más fructífero y firme el esfuerzo de quienes dedican su actividad al trabajo rural. El país tiene ya una producción pecuaria muy importante, pero con regiones de escaso rendimiento, todavía. Hemos de procurar que se mejore en calidad lo existente y que se le incorporen nuevos rubros. Todo lo que en este sentido se adelante será cimentar más fuertemente nuestra estructura económica, que por mucho tiempo, tendrá que apoyarse en las industrias agropecuarias. Habrá que perfeccionar el funcionamiento de los centros de investigación y experimentación; aumentar su número y los recursos de que disponen a fin de asesorar asiduamente no sólo en general, con la divulgación de informaciones y consejos, sino también en particular, por el contacto directo y frecuente del técnico con el productor, que será el complemento de la acción de los centros experimentales y la garantía de su eficacia. Mayor inseguridad todavía ofrece la explotación de la agricultura. En este terreno el Estado ha intervenido ya con medidas oportunas para sostener y estimular a los agricultores. Deberán mantenerse aquellas que fueren necesarias, ampliándolas y complementándolas con otras que la experiencia y la técnica aconsejen. Los resultados de la colonización agraria no han respondido a las esperanzas que inspiraron los estatutos legales que la rigen. Creemos que habrá que intentar nuevas experiencias con otros conceptos y, desde luego, otros planes que los aplicados hasta ahora, encarando no sólo todo lo atinente a la condiciones de explotación de la tierra, sino también a la organización del esfuerzo humano que en ella se invierte. La despoblación del medio rural habrá de ser contenido afincando en él al trabajador campesino, con disposiciones que le ofrezcan seguridad en su trabajo; con recursos e instituciones que cubran las necesidades materiales y espirituales que hoy los arrastran hacia los centros urbanos. En cuanto a las industrias manufactureras, el progreso alcanzado por ellas en los últimos veinticinco años es francamente promisorio. Empresas constituidas por hombres inteligentes y animosos, han echado las bases de un futuro pleno de atrayentes posibilidades. De tales empresas podemos esperar un creciente enriquecimiento del país en bienes y en oportunidades de trabajo para nuestros compatriotas. Pero las circunstancias excepcionales que mediaron para el surgimiento de algunas de ellas; circunstancia que atenuaron o disimularon la insuficiencia de recursos con que fueron iniciadas, hacen temer justificadamente por su estabilidad. Importantes y oportunas disposiciones se dictaron durante el Gobierno del señor Luis Batlle Berres en apoyo de tales industrias. Tampoco nosotros hemos de ser indiferentes a su suerte. En el progresivo desarrollo industrial del país todo avance debe ser sostenido por lo que importa hacerlo para mantener la actividad de las clases trabajadoras y también para no frustrar la confianza de quienes expusieron en él sus capitales y sus esfuerzos. Asesoramiento técnico; colaboración en el ordenamiento de la distribución y comercialización de los productos; organización científica de datos estadísticos; información regular y prolija de los mercados consumidores; apoyo financiero adecuado, son algunos de los medios con que el Estado, puede concurrir al sostén y prosperidad de las industrias. En estos momentos en que el clima de inseguridad que existe en el mundo convierte a nuestro país en refugio para los capitales que buscan dónde asentarse sin sobresaltos, les ofrecemos la liberalidad de nuestras leyes y la justicia de nuestros procedimientos, para estimular su radicación. Procuraremos que su incorporación a nuestro acervo económico se realice sin originarnos dificultades futuras, y con el propósito de que los bienes que ellos contribuyan a crear con la cooperación del trabajo nacional no acrezcan los privilegios de minorías afortunadas, sino que sirvan al bienestar y la prosperidad general. He señalado someramente algunos aspectos de la producción básica nacional. Muchos otros elementos y muy importantes que forman el complejo de nuestra economía deberán ser considerados a fondo para actuar con éxito sobre ellos. Será indispensable establecer coordinación entre todos mediante un plan general en cuyo estudio intervengan representantes de la fuerzas orientadoras y creadoras de la producción. La formulación de planes armónicos integrantes de una amplia concepción de lo que el país necesita y puede realizar para su progreso social y económico, evitará los riesgos de las medidas precipitadas, a veces contradictorias, fruto con frecuencia, de circunstancias que no fueron previstas. Reconocemos que todo esto no bastará para obtener una producción regular y abundante, tal como lo requiere la estabilidad económica, si además no procuramos evitar las perturbaciones en la actividad industrial con la aplicación de normas cada vez más justas en las relaciones entre el capital y el trabajo. El clima de paz social de que disfrutamos debémoslo a que los principios democráticos que regulan nuestra vida colectiva han afirmado el respeto a todas las libertados esenciales. Bajo la advocación de estos principios hemos creado institutos legales que amparan los derechos y la suerte de los trabajadores y que son instrumentos al servicio de sus reclamos y aspiraciones. Podemos y debemos perfeccionar estos institutos adaptándolos a formas que satisfagan mejor el ideal, cada vez más claro de justicia social. Pero impidiendo que la arbitrariedad, el interés demagógico político, subviertan sus fines empleándolos para perturbar el progreso y la tranquilidad en cuya defensa se crearon. Nuestra confianza en los procedimientos democráticos para preservarnos de la opresión y la violencia, nos impulsará a establecer con firmeza esos procedimientos en aquellos actos colectivos que tiendan a influir en las cuestiones relacionadas con el trabajo y la producción. Cuando se consiga asentar sobre bases de justicia el equilibrio de los elementos humanos que actúan en el sistema económico, protegeremos todo ese equilibrio, evitando que se vulneren los principios sobre los cuales los hayamos construido. La cultura alcanzada ya por nuestro pueblo, ha esclarecido su conciencia sobre los más importantes problemas sociales, políticos y económicos. Tenemos, pues motivo para esperar que ninguna prédica interesada lo desviará de los caminos que le han permitido conquistar cada vez más altos y decorosos niveles de vida. Conservamos profunda la fe en los efectos de la cultura para impulsar la evolución de las relaciones humanas hacia estados más justos y elevados de convivencia social. Por la educación, que hace más comprensivos y tolerantes a los hombres, estimularemos el espíritu de cooperación a fin de que los bienes creados por esfuerzo colectivo se distribuyan más justa y equitativamente entre todos. Será por lo tanto designio preponderante del Gobierno, vitalizar la política que en materia de instrucción y educación públicas, seguimos desde casi medio siglo, ampliando y perfeccionando los centros de enseñanza; creando otros nuevos y difundiéndolos en el país Procuraremos que la escuela sea en cada región de nuestra campaña un foco de civilidad, dotado de los elementos que, para hacer más proficua la labor del maestro, la ciencia pone hoy a nuestro alcance, de modo que todos veamos en la escuela y en el maestro, símbolos tangibles del concepto que nos hemos formado de la patria futura. Trataremos de ensanchar y consolidar las bases de las instituciones de previsión y seguridad social. Nos impresiona hondamente la angustia que trasciende de las convulsionadas masas de trabajadores europeos, cuyas inquietudes dimanan de la inseguridad de su presente y sobre todo de su porvenir. El dislocamiento de sus vidas producido por la guerra, mantenido y gravado por aquellos que no les dan paz, exacerbando sus inquietudes con urgencia de soluciones que saben no pueden obtenerse de inmediato, despierta en sus espíritus la impaciencia y la rebeldía. El mal está en esa inseguridad de sus vidas y de sus hogares. Trataremos de que ese mal no nos alcance, completando lo que ya llevamos realizado en cuanto a previsión y justicia social se refiere, con nuevas conquistas que liberan al trabajador de la incertidumbre sobre su presente y su porvenir. Con los ciudadanos que serán colaboradores en la gestión del Poder Ejecutivo, trataremos de obtener la mayor eficiencia en el estudio y resolución de los problemas numerosos y complejos, que nos planteará la vida nacional. Procuraremos zanjar las discrepancias que naturalmente, han de surgir en la valoración de las soluciones propuestas, tanto dentro del Poder Ejecutivo como en la colaboración con el Cuerpo Legislativo, poniendo para ello el más amplio espíritu de cooperación. Hemos expresado en distintas oportunidades que nuestro régimen constitucional, por la ambigüedad de algunas de sus disposiciones más importantes, interpretadas ya de modo contradictorio, por la ausencia de otras que reputamos indispensables para no entorpecer la expansión de las fuerzas activas del país, y principalmente por la organización del Poder Ejecutivo, no facilita la acción solidaria de los partidos en el gobierno obligando a veces a los cuerpos políticos a ceder facultades o abdicar de prerrogativas constitucionales para conservar la armonía en la dirección superior del país, expediente que no es aconsejable si se quiere, como es debido, delimitar responsabilidades y mantener claridad y orden en el Gobierno. Sabida es la opinión del parido a que pertenezco, sobre la actual Constitución, su origen y sus ulteriores enmiendas, Influida en ambas ocasiones por realidades políticas que dejaron en su texto y en su espíritu la impronta de las circunstancias anormales que le dieron vida, reclama a nuestro juicio, el examen más atento y sereno que puede ser realizado en la hora presente. Conocida son también nuestras ideas respecto a las modificaciones que consideramos necesario introducir en la Constitución para asegurar por la más amplia colaboración de las fuerzas políticas, mayor estabilidad en el gobierno, más eficiencia en su funcionamiento y contralor más efectivo de sus actos. Creemos llegado el momento de realizar la revisión de la Carta Constitucional con los elementos que nos ofrece la experiencia acumuladas el país durante los últimos cincuenta años. En lo que de mí dependa, no tropezará con ningún obstáculo la empresa, que considero esencialmente patriótica, de dotar al país todo lo brevemente posible, de una Constitución que sea vínculo de paz entre nosotros.Y me sentiré hondamente feliz, si, durante mi Gobierno, se cumple este importantísimo acontecimiento. Señores legisladores: Debo referirme ahora a lo que es materia de preocupación universal. La vida de todas las naciones del orbe está dominada por su sentimiento de inseguridad en la paz. Anhelamos fervientemente que la experiencia de las tremendas crisis sufridas durante el último medio siglo, inspire los pensamientos y guié la voluntad de aquellos a quienes el destino ha confiado la conducción de sus pueblos, en esta hora en que las dudas y las vacilaciones acerca de la orientación de sus actos, va destruyendo la fe en el porvenir de la humanidad. Formamos nosotros, un pueblo amante de la paz pero más devoto aún de la justicia y de la libertad. A estos principios cardinales hemos ceñido nuestra conducta interna e internacional. En todas partes donde la fuerza moral de una nación ha podido hacerse sentir hemos levantado nuestra voz sosteniendo aquellos principios. Congresos y conferencias celebrados para preservarlos de la destrucción contaron con nuestro apoyo y en ellos hallamos ineludibles compromisos. En momentos de tribulación, cuando sentimos que tales principios podían ser avasallados, nos solidarizamos con las naciones que los defendían. Y si, como tememos, llega otra vez la hora del peligro para los ideales democráticos con los que nuestra existencia misma está consustanciada, seguros estamos que el pueblo de la República decidirá su actitud como lo hizo en la citada ocasión impulsado por su fidelidad a aquellos ideales. Entre tanto, señores, sirvamos la privilegiada situación social y política de que disfrutamos, para trabajar de acuerdo y en paz por el engrandecimiento del país. Que con esta común finalidad de la acción de hombres y partidos, sólo nos enfrente la emulación por superarnos en la defensa de los ideales y de los intereses colectivos. He terminado.